jueves, 26 de junio de 2014

Hablemos de virus. Hoy, el del mosaico de la sandía

Volvemos a la carga ya entrado el verano con más energía si cabe, la que nos da saber que tenemos unas horas más de luz al día, que se acercan las vacaciones y que, quizá, podamos dedicar un poquito más de tiempo a nuestro huerto urbano. Y no solo a regar, sembrar o abonar sino, también, a leer y a aprender cosas relacionadas con la horticultura como, por ejemplo, las enfermedades y los problemas que pueden sufrir nuestras cultivos.
Por eso, después de hablar de algunos hongos en los últimos artículos del blog como la negrilla o el oídio, hoy vamos a volver al tema de los virus, microorganismos causantes de una gran variedad de enfermedades en los cultivos. En concreto, hablaremos del virus de mosaico de la sandía, un virus que afecta a los cultivos del tipo de las cucurbitáceas (melones, calabazas, calabacines...) y a muchas especies de leguminosas. Se estima que este virus puede infectar a más de 160 especies de plantas.
Los síntomas varían mucho y dependen de la especie de cucurbitácea afectada, el modo de cultivar, la cepa del virus y factores ambientales pero, por lo general, los síntomas observados en las hojas son mosaicos de color verde, arrugamiento, anillos cloróticos y malformación. Los frutos no resultan demasiado afectados.
Debemos de recordar que, una vez afectada la planta, no hay tratamiento más allá de evitar la propagación y el contagio entre ejemplares atajando por el camino más corto, como se suele decir: eliminando las plantas infectadas por el virus. ¿Y cómo evitamos el contagio? Buena pregunta. En artículos anteriores ya hablamos de la facilidad con la que, nosotros mismos, podemos ser los transmisores de los virus de una planta a otra a través de la ropa, las herramientas que usamos en el jardín, etc. Así que será recomendable poner especial atención en este aspecto en cuanto sospechemos que nuestro huerto urbano puede tener un ejemplar infectado.
Pero los virus también se pueden contagiar a través de injertos, del polen, por el viento o, directamente, sembrando una semilla infectada aunque esta última opción no es un problema en el caso que nos ocupa pues el virus del mosaico de la sandía es un tipo de virus que no se transmite a las semillas. Sin embargo, sí viaja de una planta a otra a través de insectos, especialmente, del pulgón.
Así que, otra de las maneras de evitar o prevenir que nuestros cultivos se vean afectados y resulten infectados por el virus del mosaico de la sandía o por algún otro tipo de virus es prevenir la aparición de plagas en nuestro huerto urbano. Y ya sabemos que en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín disponemos de multitud de productos para conseguirlo.
Si pese a todos nuestros esfuerzos, creemos que podemos tener plantas contagiadas por este tipo de virus, lo importante en el control de esta enfermedad es realizar las prácticas a tiempo: la limpieza de restos de cultivos y plantas infectadas, la eliminación de malas hierbas en la parcela, la limpieza de los bordes de los lotes o no asociar el cultivo en la misma parcela.
Con estas sencillas técnicas preventivas, nuestro huerto urbano debería de estar a salvo de virus pero, como nunca viene mal extremar las precauciones, recordad comprar las semillas que vayáis a plantar en un sitio de confianza. En Semillas Huerta y Jardín tenemos una gran variedad de semillas y brotes para escoger. Ahora sí, ¡a disfrutar del huerto!

martes, 24 de junio de 2014

Seguimos con los hongos: la negrilla

Retomamos los artículos del blog hablando un poco más sobre los problemas que pueden sufrir las plantas de nuestro huerto urbano. Se trata de la parte menos agradable de la tarea de cultivar en nuestra terraza, balcón o terreno pero ya sabemos que horticultor precavido vale por dos así que, vamos a aprender un poco más sobre los hongos. Hoy vamos a hablar del hongo negrilla.
La negrilla es una capa parecida al hollín que se genera sobre las hojas y otras partes de las plantas y es consecuencia directa de las temidas plagas de insectos que pueden afectar a nuestro huerto urbano. Estos insectos como el pulgón, la cochinilla o la mosca blanca, segregan una sustancia azucarada que dejan sobre los cultivos y que forma el ecosistema ideal para que se desarrolle la negrilla.
Por ello, como primera medida preventiva contra este tipo de hongo, tendremos que aplicar los consejos para el control de plagas de los que ya hemos hablado como el uso de los insecticidas ecológicos que podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín.
Este tipo de hongo que, como ya hemos dicho, se puede identificar fácilmente al tratarse de una capa de polvo de color oscuro, es un problema básicamente estético pues, a pesar de ser una enfermedad, rara vez causa daños serios a la planta aunque sí es cierto que si el ataque es persistente, el polvillo se puede convertir en una costra opaca que dificulte a la plana poder hacer la fotosíntesis, lo que afectaría a su crecimiento normal. Además, si la negrilla aparece en situaciones de sequía, puede que, en las plantas más afectadas, marchite brotes y tallos.
Y es que el hongo negrilla puede afectar a las hojas, los tallos, los frutos o los brotes, así como aparecer en superficies que se encuentran bajo la planta como el pavimento o las paredes.
¿Qué podemos hacer para prevenir las plagas y la negrilla? Si tomamos algunas sencillas precauciones reduciremos el riesgo de que aparezca este tipo de enfermedad en nuestro huerto urbano. Por ejemplo, podemos optar por variedades de cultivos que sean más resistentes a las plagas. En este grupo tenemos a la mayoría de las aromáticas, algunas de ellas, como la menta, sirven incluso de repelente de algunos insectos como la mosca blanca. También es recomendable optar por especies autóctonas frente a las exóticas para nuestro huerto urbano ya que son más resistentes a las plagas.
Cuando ya hemos visto los primeros síntomas de la negrilla, lo primero que debemos de hacer es limpiar las partes afectadas con pulverizaciones de agua templada y a cierta presión (podemos añadir algo de jabón neutro). Podemos realizar podas de las zonas afectadas para asegurarnos de su completa eliminación y aumentar la vitalidad de las plantas mejorando y nutriendo el suelo. Después, es recomendable aplicar un insecticida con fungicida. Y ya sabemos que podemos encontrar todo lo necesario en Semillas Huerta y Jardín.
Como vemos, la negrilla es tan fácil de controlar como que sepamos tener a raya a los insectos que pueden atacar nuestro huerto urbano en forma de plaga. Así que, no perdáis las ganas de luchar contra los hongos y ¡a disfrutar del huerto!

jueves, 19 de junio de 2014

A vueltas con los hongos: el oídio

Hay pocas cosas que pueden echar a perder nuestro huerto urbano y dar al traste con un proyecto al que hemos puesto mucha ilusión y al que hemos dedicado unas cuantas horas, ¿verdad? Pues una de esas cosas son las enfermedades que pueden padecer nuestras plantas. Hoy vamos a hablar de una de las más comunes: el oídio.
El oídio es la enfermedad causada por el hongo del mismo nombre. Cuando estuvimos hablando de las enfermedades de las plantas y, en concreto, de los hongos, ya dijimos que hay multitud de tipos diferentes y que, mientras algunos de ellos afectan sólo a un tipo concreto de cultivo, otros, como el oídio, se pueden desarrollar en gran variedad de plantas de nuestro huerto urbano. Aunque la variedad de oídio más conocida es la que afecta a la vid, en el huerto urbano se puede cebar con pepinos, melones, fresas y tomateras, sobretodo. También se puede ver con cierta frecuencia por plantas más típicas de jardín como los rosales, crisantemos o claveles.
Aunque aquí podéis refrescar la memoria sobre los hongos, vamos a recordar algunas de sus características pues no está de más tener muy presente información sobre los hongos pues hasta el 95% de las enfermedades que sufren los cultivos y plantas son causadas por ellos.
Los hongos están causados por organismos microscópicos y, aunque suelen crecer en tejidos de plantas muertas o en descomposición, algunos también se alimentan de tejido vegetal vivo. Prefieren desarrollarse en entornos húmedos así que habrá que vigilar bien los excesos de agua en el riego y garantizar la ventilación y el espacio entre nuestras plantas.
En el caso del oídio, suele aparecer en condiciones de alta humedad y temperaturas cálidas, donde el espeso follaje impida una buena ventilación y en aquellos huertos en los que se ha utilizado un abono con exceso de nitrógeno ya que los altos índices de este elemento obligan a la planta a absorber más agua.
Los síntomas del oídio son muy fáciles de detectar: comienza con una especie de 'pelusilla' blancuzca en las hojas de nuestras plantas. Si el ataque es importante, las hojas directamente amarillean y caen.
¿Qué podemos hacer? Cuando descubramos alguna hoja con esta capa entre gris y blanca con textura de algodón, vamos a procurar eliminarla. Es decir, retirando las partes de la planta afectadas podemos evitar que el hongo se propague a otras partes de la planta y, también, a otros ejemplares o cultivos de nuestro huerto urbano.
A partir de ahí, vamos a vigilar y controlar los factores de los que hablábamos antes como la humedad o la separación entre plantas para favorecer que se aireen bien y no se generen zonas de sombra donde la humedad permanezca. Pero no os preocupéis, no estamos solos en la lucha contra el oídio: existen multitud de productos ecológicos, por supuesto, que nos pueden ayudar a la hora de acabar con este hongo y a la hora de prevenirlo.
En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín podemos encontrar, por ejemplo, el propóleo, un producto elaborado por las abejas y que controla los microorganismos patógenos al obstaculizar su entrada en la planta a través de los brotes tiernos, por lo que es antiséptico y antivírico. Además ayuda a la planta a aumentar sus defensas naturales.
Para prevenir la aparición de hongos, también podemos hacernos en Semillas Huerta y Jardín con una botella de extracto de cola decaballo. Su contenido de sílice, azufre y oligoelementos hace que funciones como fungicida ecológico y, también, como bioestimulantes con un rápido efecto sobre nuestro huerto urbano.
Existen más tratamientos contra los hongos que podéis descubrir en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín para no claudicar ante las enfermedades y fortalecer nuestros cultivos. Vamos, ¡a disfrutar del huerto!

martes, 17 de junio de 2014

Qué cultivar en un huerto a la sombra

Siempre hemos defendido que tener un pequeño huerto en nuestra propia casa, vivamos donde vivamos, es tarea fácil. Y nos mantenemos en esa idea pero no podemos negar que existen algunas limitaciones. Hoy vamos a hablar de una de ellas: tener el balcón o terraza orientado al norte o donde reciba luz solar durante pocas horas al día. Hoy vamos a hablar de cómo y qué cultivar con pocas horas de sol.
Como ya hemos visto, el sol es uno de los tres factores imprescindibles para disfrutar de un huerto urbano (junto al agua y al abono) pero entre tantas variedades y tipos de cultivos que existen, hay muchos que necesitan de una intensa luminosidad mientras que, muchos otros, se desarrollan bien en semisombra.
Si el lugar donde tenemos pensado colocar nuestro huerto urbano no recibe muchas horas de sol al día, está claro que no podremos sembrar hortalizas como los tomates, las berenjenas o los pimientos pero existen multitud de plantas que crecen bien con pocas horas de luz. Por ejemplo, los rabanitos, que son muy fáciles de cultivar y se cosechan a penas un mes después de sembrarse, pueden desarrollarse bien sin mucha luz.
La coliflor crece bien con poca luz.
En general, casi todos los cultivos de hoja se defienden muy bien sin necesidad de disponer de muchas horas de sol y con ellas podemos llenar la despensa y preparar ricas ensaladas y guisos: la lechuga -que ya os hemos contado cómo cultivarla-, las espinacas, la acelga o la escarola. También las de la familia de la col, como la coliflor, el brócoli o las coles de bruselas y algunas legumbres como las judías o los guisantes. El apio y la remolacha también crecen bien con poca luz.
Por si fuera poco, podemos añadir a esta larga lista un buen puñado de plantas aromáticas que, además de llenar nuestro huerto urbano de color y aroma, podemos usarlas para condimentar nuestros platos como la menta, la albahaca o el perejil. En nuestro blog ya hemos hablado de cómo cultivar algunas de estas plantas aromáticas así que, no hay excusa para no intentarlo aunque no dispongamos de mucha luz solar.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que, aunque se puedan desarrollar a la sombra, seguramente lo hagan mejor y más rápido con un poco más de luz. Si tenemos la posibilidad, podemos intentar incrementar la incidencia del sol en estos cultivos pintando las paredes o muros que rodeen el huerto, si los tuviera, de color blanco para que reflejen la luz o, directamente, colocando algún tipo de pantalla reflectante que redirija los rayos solares hacia nuestros cultivos.
Aún así, como ya hemos dicho, no es un gran impedimento que la luz solar escasee en nuestro huerto. Es más, puede hasta convertirse en una ventaja ya que en verano, nuestros cultivos estarán más resguardados del intenso sol y las altas temperaturas y requerirán menos riego.
Pues ahora que ya sabemos qué plantar a la sombra, solo tenemos que escoger lo que más nos apetezca, hacernos con todo lo necesario en la web de Semillas Huerta y Jardín y ¡a disfrutar del huerto!

viernes, 13 de junio de 2014

Bulbos de primavera

En Semillas Huerta y Jardín seguimos hablando de bulbos y tras el último post dedicado a los bulbos de otoño, le ha llegado el turno a los bulbos de primavera.
Como siempre, comenzamos por el principio. Los bulbos son órganos de las plantas bulbosas que almacenan los nutrientes y que vamos a plantar para dar lugar a estas plantas.
¿Cuándo plantamos los bulbos de primavera? Es preferible que sea entre marzo y abril y la floración se dará entre verano y otoño.
Como siempre, algunos consejos para plantarlos:
Imprescindible un terreno que drene bien y no se encharque o corremos el riesgo de que acaben pudriéndose.
Si escogemos una maceta para plantarlos es mejor que sea de cerámica porosa y, siempre, debe tener un agujero para que pueda deshacerse del agua sobrante; en el caso de que no lo tenga, deberemos regar los bulbos cada dos o tres días sin encharcarlos.
Y para todos aquellos que tengáis un jardín, que la tierra sea esponjosa, evitando los suelos arcillosos y pesados. ¿Qué pasa si este es el suelo que tenemos? Habrá que añadir una buena cantidad de arena de río y de materia orgánica para esponjar el suelo y ayudar al drenaje.
Para que la floración sea espectacular –o más espectacular de lo que ya va a serlo-, ayudará usar abono orgánico durante la plantación. Evitad siempre usar abonos minerales o químicos, nuestro huerto urbano y ecológico os lo agradecerá.
También es recomendable utilizar tres veces al año fertilizante: la primera dosis, en primavera, y la última, cuando termine el verano.
Aunque ya os avisamos en anteriores posts, nunca viene mal un recordatorio: ¡debemos plantar los bulbos con la punta hacia arriba para que el brote pueda salir!
En cuanto a las distancias de separación entre bulbo y bulbo, va a depender de la especie, pero lo normal es que oscile entre los cinco centímetros y los 20. Los bulbos grandes deben estar separados por una distancia de unos doce centímetros, mientras que los pequeños, entre ocho y diez. Y en cuanto a la profundidad, hay que hundirlos el doble de la altura que tienen.
Y ahora es cuando debemos escoger cuáles queremos, otra vez, tenemos una amplia variedad de opciones: el agapanto, el amarilis, la begonia tuberosa, la caña de india, el ciclamen, la dalia, el gladiolo, la gloxinia, el hemerocalis, el nardo… y así podríamos continuar hasta quedarnos sin aire.
Como siempre, nos vamos a pasar por el catálogo de bulbos de primavera de Semillas Huerta y Jardín antes de elegir.


Y ahora sí, ¡a disfrutar del huerto!

Bulbos de otoño

Tal y como prometimos en el anterior post y tras hablar de los bulbos, vamos a centrarnos en los bulbos de otoño –no os preocupéis, en la próxima entrada será el turno de los bulbos de primavera-.
Como explicábamos y a modo de recopilatorio –o por si os saltasteis el anterior post- los bulbos son un órgano de las plantas bulbosas, un tallo subterráneo que almacena los nutrientes, que vamos a plantar para dar lugar a estas plantas.
En el caso de los bulbos de otoño, se trata de plantas cuya época ideal para plantar es esta estación, preferiblemente en los meses de octubre y noviembre. Aunque lo cierto es que si podemos mantenerlos en un lugar fresco y bien aireado podemos estirar la fecha de plantación hasta finales de diciembre, pero debemos evitar plantarlos si hay riesgos de heladas o de suelo encharcado.
La floración se va a producir en primavera y si queremos que esta sea escalonada podemos plantar los bulbos con un mes de diferencia, primero a finales de octubre, finales de noviembre y finales de diciembre. Este mes de diferencia va a suponer un intervalo de cuatro o cinco días entre la floración de cada planta.
Consejos que debemos seguir para que tengamos una floración espectacular: debemos colocar nuestros bulbos en una zona soleada o semi soleada, protegida del viento y con el terreno bien drenado para evitar los encharcamientos.

Y sobre los cuidados, son de los cultivos más fáciles de cuidar. Debemos abonarlos en la plantación y justo antes de la floración con abono especial para bulbos de flor; tenemos que evitar los herbicidas; los debemos regar regularmente; y, durante la floración, cortaremos las flores marchitas unos centímetros por debajo de sus bases.
Como veis es sencillo y el resultado va a ser increíble… ya lo comprobaréis.
Ahora bien, toca elegir qué bulbos de otoño queremos. Las opciones entre las que podemos escoger son casi infinitas, por ejemplo, tenemos el lirio, la fresia, el jacinto, el narciso o la azucena, entre otras muchas. Como veis, se trata de flores que destacan por sus fragancias y colores, lo que va a dar un aire espectacular a nuestros jardines y huertos urbanos.
En el catálogo de bulbos de otoño de Semillas Huerta y Jardín vamos a encontrar una gran variedad de ellas, así que, una vez decididos con cuál queremos, ha llegado el momento.

¡A disfrutar del huerto!

¿Qué son los bulbos?

Seguimos avanzando en nuestro camino como horticultores y ahora ha llegado el momento de ampliar nuestro vocabulario y conocimientos hortícolas hablando de los bulbos.
Así que, comencemos por el principio: ¿qué son los bulbos? Es un tallo subterráneo muy corto situado en la base de las hojas y engrosado para hacer la función de órgano de reserva de nutrientes. El tallo está formado por un conjunto de hojas modificadas, que se llaman catafilos.
Las plantas que tienen este tipo de órganos –aunque según la especie también pueden presentar otros, como cormos, rizomas o tubérculos- se llaman plantas bulbosas y son herbáceas y perennes.
Y aquí llegamos a la gran cuestión, las plantas bulbosas suelen plantarse a través de los bulbos, así que ya sabemos que nuestra próxima incursión en el huerto va a consistir en plantar bulbos.
Pero sigamos hablando de las características de los bulbos. Para empezar, debemos saber que constan de cinco partes: el disco basal, que es la parte inferior desde donde crecen las raíces; los catafilos o escamas, de los que ya hemos hablado y que son el órgano principal de almacenamiento de los nutrientes; la túnica, que es la capa que rodea las escamas y las protege de la desecación; el vástago, que es una yema flora y otras yemas de desarrollo; y las yemas laterales, que darán origen a los bulbillos, los futuros bulbos.
Otra cosa que debemos saber es que tenemos dos tipos de bulbos. Por un lado, los que presentan los catáfilos –las hojas que forman el tallo- en forma de escamas carnosas y aparecen imbricados son los bulbos escamosos, como el tulipán; y por otro, los bulbos tunicados, en los que estas hojas aparecen como capas superpuestas y recubiertas por una membrana protectora o túnica, como es el caso de la cebolla.
La cuestión ahora es, ¿cómo plantamos los bulbos? Necesitamos un terreno que drene bien, sino, el agua se encharcará y se pudrirán. Lo vamos a conseguir mezclando con la tierra estiércol, mantillo y arena de río. Utilizaremos como siempre un abono natural, en lugar de químico. La profundidad a la que lo plantemos va a ser el doble de su tamaño y nos ayudaremos de una pala de mano. ¡Importante! La punta del bulbo por donde sale el brote debe estar mirando hacia arriba, no sería la primera vez que tenemos este pequeño despiste… Tras plantar, debemos rellenar el agujerito con tierra y regar bien. La distancia a la que vamos a plantar unos de otros dependerá de la especie, pero la norma general es entre cinco y diez centímetros para los bulbos pequeños, y entre 15 y 25 centímetros para los grandes.
Por último, debemos saber que hay dos épocas para plantar los bulbos, así tenemos bulbos de primavera, que vamos a plantar en esta estación, y bulbos de otoño, que plantaremos en otoño, pero ya hablaremos en próximos posts de ellos.
Ahora que ya sabemos esto, sólo nos queda elegir y pasarnos por el catálogo de bulbos de Semillas Huerta y Jardín, nuestros jardines y huertos van a llenarse de perfumes y colores con las floraciones impresionantes de nuestros bulbos.


¡A disfrutar del huerto!

La naturaleza en casa o cómo plantar romero

Si vivís cerca de algún monte o montaña típicamente mediterráneo, seguro que el olor a romero os transporta a la naturaleza misma. Una de las ventajas de cultivar un huerto urbano como el que estamos creando en nuestras casas es que nos permite vivir un poco más cerca de la naturaleza, disfrutar de ella en nuestra propia terraza, y las plantas aromáticas nos acercan, además, su olor característico.
Ya hemos hablado de la menta, la lavanda o la hierbabuena y hoy vamos a centrarnos en el romero, como decíamos antes. Su nombre científico es rosmarinus officinalis y se trata de un pequeño arbusto leñoso perenne. Sus hojas son pequeñas y muy abundantes. Las flores también son pequeñas pues no miden más de 4 milímetros de largo y pueden ser de color azul, blanco o rosa.
A la planta del romero, al igual que a otras plantas aromáticas, se le puede dar varios usos. Uno de ellos es el ornamental y también se usa como condimento a la hora de cocinar además de como ambientador natural. Posee propiedades digestivas, antioxidantes, depurativas... y contiene grandes cantidades de hierro. A todo ello, le podemos sumar usos cosméticos: con el romero se preparan aceites con los que se puede combatir la caída del cabello y favorecer el cuidado de la piel.
Con todas estas ventajas sería casi un pecado no dedicar un rinconcito de nuestro huerto urbano a cultivar romero así que, ¡manos a la tierra!
Comenzaremos sembrando las semillas. ¿Cuándo? En primavera y a medio centímetro de profundidad. En zonas de clima templado, con inviernos suaves, podemos sembrar el romero también desde principios de la estación invernal. Sembraremos directamente en el jardín o en una maceta bastante grande: de unos 30 litros de capacidad y 30 centímetros de profundidad. Las semillas tardan alrededor de un mes en germinar.
Ya hemos dicho que se trata de una planta típica de la zona mediterránea así que no necesita demasiados recursos para crecer: se desarrolla bien en suelos secos, sueltos y pobres respecto a nutrientes. Tampoco en el riego es muy exigente. En la mayoría de casos, el agua de lluvia será suficiente, sobretodo, si la planta ya es adulta.
Como podemos ver, los cuidados de este tipo de planta son mínimos mientras que sus usos y beneficios son muchos. Podemos recolectar durante todo el año aunque lo haremos poco a poco para no debilitar la planta. Con sus hojas, frescas o secas, podemos condimentar muchísimos platos y darles ese aroma que, seguro, disfrutaremos en nuestro huerto urbano. Ahora solo queda hacernos con semillas de romero y con todo lo que necesitemos para su cultivo y que podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín. Vamos, ¡a disfrutar del huerto!

Endulzando el huerto con la stevia

La stevia (o estevia) es otra de las plantas aromáticas sobre las que llevamos ya unos artículos hablando y aprendiendo a cultivar y, también, a utilizar ya que las aromáticas son de esas plantas que además de alegrar y refrescar nuestro huerto urbano, tienen multitud de utilidades, en la cocina, sobretodo, pero también para tratar algunas afecciones de la salud e, incluso, como 'repelentes' o remedio casero para mantener libres de plagas y enfermedades al resto de cultivos de nuestro huerto urbano.
Pero de eso ya hemos hablado y hablaremos más adelante así que ahora vamos a centrarnos en el tema -en el dulce tema- que nos ocupa hoy: el cultivo de la estevia. A diferencia de las plantas aromáticas que hemos visto hasta ahora en el blog, la Stevia Rabaudiana, como se conoce técnicamente, procede del sur de América y no de la cuenca mediterránea pero también se puede cultivar muy fácilmente en casa así que no os preocupéis.
Quizá no sea la gran desconocida de las plantas aromáticas si la comparamos con la lavanda, el orégano, la menta o la hierbabuena, de las que ya os hemos hablado en este blog, pero las ventajas de cultivar stevia en nuestro huerto urbano son muchísimas. Para empezar, es una planta muy apreciada por su poder edulcorante. De hecho, los guaraníes la llamaban 'hierba dulce' pues sus hojas tienen una capacidad edulcorante entre 30 y 45 veces mayor que la sacarosa, ingrediente principal del azúcar. También se utiliza por sus propiedades medicinales: se usa para reducir la presión arterial o para mejorar las digestiones.
Es muy fácil de cultivar, tanto en macetas como en el jardín. En el primer caso, necesitaremos un recipiente de unos 15 litros de capacidad. Si optamos por la siembre en el jardín, lo haremos en un marco de plantación de 25x25 centímetros. Y, ¿cuándo sembramos? Pues esta planta admite su siembra desde primavera hasta mediados de agosto ya que tolera temperaturas desde los 18 hasta los 35 grados. Eso sí, las heladas acabarán con ella.
No es exigente con el suelo, crece bien en terrenos arenosos o arcillosos, aunque sí es sensible a la salinidad tanto de la tierra como del agua del riego. Y hablando de riego, debe ser constante para mantener la humedad pero, como siempre, evitando los encharcamientos. Necesita muchas horas de luz, tanto es así que, cuando los días acortan, en invierno, su crecimiento se estanca y no volverá a crecer hasta la primavera.
Como en otras plantas aromáticas, el cuidado de la stevia es relativamente sencillo, tanto, que no deberemos ni de preocuparnos por posibles enfermedades ya que es extremadamente resistente a hongos y a plagas. No hay excusa, por tanto, para no lanzarse al cultivo de la stevia y, para ponerlo aún más sencillo, la web Semillas Huerta y Jardín dispone de un Kit Stevia, la manera más fácil de cultivar estas plantas a partir de las mejores semillas, macetas de turba prensada y pastillas de sustrato compactado. Manos a la tierra y ¡a disfrutar del huerto!

¡Mamma mia!... Orégano en nuestro huerto

El orégano es una de esas plantas aromáticas que conocemos, básicamente, por su uso en la cocina. En concreto, este tipo de hierba es muy característico de la gastronomía italiana pues es condimento básico en pizzas y pastas. Como la mayoría de las plantas aromáticas que veremos en el blog es perenne y originaria de la cuenca mediterránea así que se adapta bien a climas secos, cálidos y con muchas horas de luz.
Así, es una planta que podemos cultivar de manera relativamente sencilla en nuestro huerto urbano y utilizarla luego para multitud de platos en la cocina. Sus hojas también se pueden usar frescas pero secas aportarán mayor sabor y aroma.
Además de para aportar un extra en muchos de nuestra creaciones culinarias, el orégano también lo podemos usar por sus múltiples propiedades medicinales y por sus beneficios para la salud. Por ejemplo, si lo tomamos en infusión, nos aliviará la tos, el asma y los resfriados y el aceite que se fabrica con su planta, está recomendado para tratar problemas musculares o de reuma. ¿Qué os parece? ¿Plantamos orégano en nuestro huerto urbano? Pues ya sabéis: ¡manos a la tierra!
La mejor época para cultivar el orégano es la primavera pero, como ocurre con la hierbabuena, de la que ya hablamos en el blog, en zonas templadas se puede cultivar prácticamente durante todo el año en casa. Acepta la siembra directa en el jardín o en maceta y sus semillas tardarán unos diez o quince días en germinar. Si optamos por plantar nuestro orégano en maceta, necesitaremos que tenga una profundidad de unos 20 centímetros y que una capacidad de 10 litros como mínimo. La colocaremos después donde reciba bastantes horas de sol al día. Aunque soporta las heladas, recordad que el orégano prefiere los climas suaves.
¿Qué tipo de suelo necesita el orégano? Pues, básicamente, suelos fértiles, que drenen bien el agua, porque no tolera el exceso de humedad -ya hemos dicho que es de climas secos-. Respecto al abonado, necesitará uno medio de materia orgánica muy bien descompuesta y ya sabemos que podemos encontrar una gran variedad de productos en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín para aportar los nutrientes que nuestros cultivos necesitan. Durante su cultivo, no deberemos de regar la planta en exceso pues no es exigente en este aspecto. Eso sí, controlando bien que no se encharque.
El orégano es una de esas plantas que crecen prácticamente solas, sin demasiados cuidados y, además, a penas se ve afectada por plagas ni enfermedades porque es muy resistente. Así que, con controlar, como decíamos, los excesos de humedad para evitar la aparición de hongos, tendremos orégano siempre sano y listo para usar.
La época de recolección comienza cuando empiezan a aparecer las primeras flores. Como lo sembramos en primavera, esto tendrá lugar a principios de verano, sobre el mes de junio, y se prolonga durante toda la estación, hasta septiembre, aproximadamente.
Y ahora que conocemos los beneficios y ventajas de tener nuestra propia planta de orégano en casa, solo nos queda pasarnos, como siempre, por la web de Semillas Huerta y Jardín y adquirir todo lo necesario para su cultivo y ¡a disfrutar del huerto!

Cultiva hierbabuena y sé feliz

De la hibridación de dos tipos de menta surgió la hierbabuena, parecida a su 'progenitora' pero de un olor más dulzón y un sabor muy característico. De hecho, ahora que llega el verano, nos vamos a acordar de esta planta aromática cada vez que veamos o tomemos el famoso mojito. Pero no solo para los cócteles se usa la hierbabuena, también se emplea en postres y en otro tipo de platos. Y si no somos muy cocinillas, tampoco nos agobiemos, solo con el olor y el intenso color verde de sus hojas, ya compensaremos su incorporación a nuestro huerto urbano.
La mejor época para cultivar la hierbabuena es en primavera así que podemos sembrar desde los meses de febrero y marzo. Sin embargo, en zonas de clima templado y con factores muy controlados, podemos cultivarla, prácticamente, en cualquier época del año. Podemos sembrar las semillas directamente en nuestro jardín o en macetas. En este caso, necesitaremos un recipiente de cinco litros de capacidad como mínimo y una profundidad de unos veinte centímetros. Germinarán, aproximadamente, dos semanas después de la siembra.
De la hierbabuena se aprovechan, sobretodo, sus hojas que podemos recolectar a partir de los tres meses desde la siembra siempre y cuando hayamos seguido las indicaciones para su cultivo. La hierbabuena prefiere climas suaves y zonas donde los inviernos no sean muy crudos para evitar las heladas.
Procuraremos que disponga de un suelo fértil, que posea humus y que drene bien. Respecto al abono, no es demasiado exigente aunque sí necesitará de una dosis de abonado medio bien descompuesto. En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín disponemos de una amplia oferta de humus y abonos perfectos para el cultivo de esta planta aormática.
Cuando ya tengamos controlado dónde crecerá nuestra hierbabuena es hora de satisfacer sus necesidades de riego. Como la menta, es exigente y va a necesitar que el suelo esté siempre húmedo evitando, eso sí, que se encharque el agua.
Con estos pocos cuidados, pronto podremos disfrutar de nuestra propia hierbabuena aunque habrá que controlar que no se vea afectada por plagas y enfermedades. En este caso, es propensa a sufrir la presencia de pulgones y trips y de algunos hongos como la roya y el mildiu pero, afortunadamente, ya sabemos como combatir estos problemillas, ¿verdad? Pues no queda otra que ¡a disfrutar del huerto!

jueves, 12 de junio de 2014

Refrescante menta

Como ya anunciamos, en los próximos artículos vamos a hablar de una serie de plantas aromáticas que son ideales para incorporar a nuestro huerto urbano y hoy es el turno de una de las más características: la menta, muy utilizada para acompañar, decorar o darle un fresco toque a muchísimos platos ya que es un ingrediente típico de muchas cocinas en todo el mundo.
Se trata de una planta muy fácil de cultivar y que puede crecer sin problemas en una maceta colocada en el balcón. Eso sí, dada su tendencia a crecer horizontalmente, será necesario que sea una maceta ancha y de 20 centímetros de profundidad, al menos. Se adapta prácticamente a cualquier tipo de climatología y de suelos aunque es bueno que la mantengamos en espacios frescos, sobretodo, en los meses de verano, para mantener la planta en una horquilla de entre 15 y 20 grados. Soporta temperaturas extremas e, incluso, heladas pero se desarrolla mejor en climas cálidos.
Lo mismo ocurre con el suelo, aunque se adapta bien a prácticamente cualquiera, prefiere aquellos fértiles y bien drenados ya que es bastante exigente con los nutrientes y, para su desarrollo, necesitará de un riego regular y abundante. La mejor época para cultivar la menta es en primavera y verano porque, además, necesita bastante luz para su crecimiento aunque, eso sí, no tolera bien los intensos rayos del sol de mediodía. Vamos a buscar la manera de que reciba la luz de las primeras horas del día y quede resguardada a la sombra en las horas de incidencia más directa de los rayos de sol.
La parte aérea de la planta de la menta morirá en otoño, aproximadamente, pero sus raíces se mantendrán y volverá a brotar en primavera si la mantenemos. Si estáis dispuestos a probar este cultivo fácil, cómodo y, sobretodo, muy útil, pasaos por la web de Semillas Huerta y Jardín donde encontraréis las semillas y, también, fertilizantes para aportar los nutrientes que necesita la menta.
Con un toque aromático, seguro que nos apetece aún más trabajar en nuestro huerto urbano así que solo nos queda aquello de ¡a disfrutar del huerto!

Olor y color: la lavanda

Ya hemos mencionado las ventajas de cultivar plantas aromáticas en la entrada anterior del blog y ahora vamos a centrarnos en el cultivo de algunas de ellas para que nos sea de lo más sencillo tener ese rinconcito que de aún más aroma a nuestro huerto urbano. Vamos a empezar con una planta aromática que, además de olor, nos aportará mucho color: la lavanda.
Existen varios tipos de lavanda aunque nosotros vamos a centrarnos en la lavandula angustifolia que es la variedad característica del área mediterránea, único lugar del mundo donde crece salvaje, aunque se puede cultivar en cualquier lugar controlando los factores para que se desarrolle en perfectas condiciones.
En el caso de la lavanda, no es la cocina su uso más característico como sí lo es en otros tipos de aromáticas, sino el medicinal o su uso como aromatizante pues se usa muy a menudo en las típicas bolsitas que colocamos en armarios y zapateros de casa para mantener un aroma fresco en la ropa, por ejemplo.
Pero antes de pensar en qué vamos a utilizar nuestra lavanda, tenemos que cultivarla. Puesto que la lavanda florece desde mediados de primavera hasta finales de verano, debemos de sembrarla, en zonas de clima cálido, en otoño. Lo podemos hacer en maceta o en el suelo directamente. Como ya hemos dicho, en la zona del mediterráneo crece de manera natural en los montes así que sus requisitos son mucha luz y suelos secos y pedregosos. Procuraremos, por tanto, colocarla en suelos pobres y sueltos y con un buen drenaje.
Para colocarla, mejor donde dé mucha luz y esté aireada (como lo estaría en la naturaleza). Como decíamos, no necesita mucho riego porque aguanta bien la sequía, -de hecho, bastaría con el agua de lluvia- pero, si en lugar de sembrar las semillas, plantamos la lavanda por esquejes, deberíamos de regarla en los primeros días para que los esquejes arraiguen bien.
¿Y cuándo podremos usar sus flores? Pues para cosechar la lavanda deberíamos de esperar a su segundo verano. Entonces, recogemos las flores y las guardamos a la sombra para que se sequen y poder utilizarlas como aromatizantes. La planta de la lavanda suele durar unos 10 años y admite la poda (crece un metro y medio aproximadamente) así que, imaginaos la de beneficios que nos puede dar con muy poquita inversión porque, como decíamos, además de sus propiedades aromatizantes, también tiene buena fama como planta medicinal. Se pueden hacer infusiones, ungüentos... e, incluso, aceite de lavanda para tratar molestias tan dispares como las cefaleas, el insomnio o las picaduras de insectos.
Las ventajas de cultivar lavanda en nuestro huerto urbano parecen no tener fin, ¿no os parece? Pues ya sabéis que solo tenemos que adquirir todo lo necesario para su siembra en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín y ¡a disfrutar del huerto!

A aromatizar nuestro huerto urbano

Romero, orégano, lavanda... ¿verdad que es leer sus nombres y casi notar su fragancia? Y es que las plantas aromáticas solo aportan ventajas si apostamos por ellas para cultivarlas en nuestro huerto urbano. Además de los aromas embriagadores, la gran mayoría se usan en la cocina alegrando y aportando sabor a casi cualquier plato y son del tamaño adecuado para poder plantarlas en cualquier huerto urbano por reducido que sea.
Así que, como es una buena idea, vamos a empezar hoy una serie de artículos para daros los detalles del cultivo de diferentes hierbas aromáticas que nos serán de lo más útil. En entradas posteriores, hablaremos de la lavanda, el romero, el orégano, la menta o la hierbabuena, entre otras.
Como ya hemos dicho, se trata de plantas que se cultivan en tamaños muy reducidos por lo que, si tenemos poco espacio en nuestro huerto urbano, podemos plantarlas en macetas o jardineras y dedicar nuestra mesa a otro tipo de cultivos como las hortalizas. Pero además de todo eso, algunas de ellas producen flores de lo más decorativas, pueden tener usos medicinales y pueden servir como control biológico controlando plagas que pueden dañar a otros cultivos si las plantamos cerca.
La mayoría de este tipo de plantas son perennes, es decir, que una vez establecidas, florecen en cada estación. Como en muchas de ellas lo que nos interesa utilizar son las hojas, las podemos ir recogiendo a medida que las vayamos necesitando aunque alcanzan su mejor punto justo antes de florecer. Si optamos por esperar hasta ese momento exacto, podemos luego secar o congelar las hojas antes de almacenarlas para utilizarlas durante todo el año.
Vistos los enormes beneficios de cultivar plantas aromáticas es hora de saber cómo se cultivan y qué recursos necesitan. Pues en este aspecto, este tipo de hierbas también son una magnífica elección para nuestro huerto urbano ya que a penas consumen recursos. Para empezar, la mayoría de este tipo de plantas son originarias de la zona mediterránea por lo que están acostumbradas a la escasez de agua, salvo la menta y el perejil, que necesitan de más humedad.
Tampoco necesitan de fertilizantes, con abonar la tierra donde las tenemos plantadas una vez al año es suficiente y es recomendable airear el suelo un par de veces al año. Necesitan mucho sol pero estar protegidas del viento.
Como véis, las plantas aromáticas son ideales para cultivar en nuestro huerto urbano o en macetas en nuestra propia casa. Son fáciles de cultivar, tienen multitud de propiedades y podremos disfrutar de ellas y de sus beneficios prácticamente durante todo el año. Como decíamos antes, en los próximos días hablaremos en concreto de algunas de estas plantas muy comunes en nuestra cocina y en nuestra vida diaria. Y ya sabemos que todo lo necesario para cultivarlas lo podemos encontrar en el catálogo de Semillas Huerta y Jardín.
Mientras tanto, ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: la cebolla

Seguimos con la serie de artículos dedicadas a los cultivos imprescindibles para nuestro primer huerto urbano. Esta vez vamos a hablar de la cebolla, una hortaliza muy versátil en nuestra cocina aunque no siempre es del agrado de todos los comensales, sobretodo en su versión cruda, es perfecta para las ensaladas y, además de refrescante, tiene muchos beneficios para la salud y ayuda a prevenir el reuma, problemas de próstata y hasta la osteoporosis.
La allium cepa, o cebolla, es una planta perteneciente a la familia de las amarilidáceas que llegó a Europa desde Asia Central según las teorías más extendidas. En la plantación de la cebolla influye mucho la climatología del lugar donde nos encontremos pero podemos distinguir tres fechas más o menos comunes: a finales del verano, en invierno y a principios de la primavera.
La cebolla acepta la siembra directa así que podemos preparar el suelo y colocar las semillas directamente. Necesitaremos suelos sueltos, sanos, profundos y ricos en materia orgánica, de consistencia media, y no excesivamente calcáreos. Es muy importante evitar los suelos ácidos y procuraremos no sembrar en terrenos recién estercolados, aunque se puede utilizar compost sin problemas.
Una vez hecha la siembra, dependiendo del momento escogido, la cosecha tardará más o menos tiempo. Si sembramos en primavera, tendremos las cebollas listas para recolectar en 20 o 24 semanas, es decir, en cinco o seis meses. Si lo hicimos en invierno, no podremos recolectar hasta 42 semanas después, unos diez meses, aproximadamente.
Pero para que valga la pena la espera tendremos que procurarle a nuestras cebollas las condiciones idóneas para su perfecto desarrollo y crecimiento. Para empezar, requiere de mucha luminosidad y su temperatura ideal se encuentra entre los 15 y los 25 grados, aunque se adapta a casi todos los climas.
Eso sí, es muy sensible al exceso de humedad, por lo que, una vez que las plantas han iniciado el crecimiento, la humedad debe mantenerse constante por encima del 60%. Es por ello que, en la primera etapa, necesita riegos continuos pero cortos y, después, podemos incluso no regarla. De hecho, es aconsejable que no reciban ni un solo riego durante el mes anterior a la cosecha y, dos semanas antes del momento de recogerlas, deberemos desenterrarlas del todo y dejarlas sobre la tierra para que se sequen.
Como precauciones especiales en el cultivo de la cebolla tenemos que destacar el control de las malas hierbas ya que la cebolla tiene raíces muy superficiales y la maleza puede afectarlas más directamente. Ya hemos hablado de las enfermedades y plagas que pueden afectar a nuestros cultivos y, en el caso de la cebolla, se pueden dar algunas específicas como la podredumbre blanca de la cebolla, el mildiu o la mosca de la cebolla. Tendremos que tener cuidado con ellas y estar muy atentos a su aparición.
En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín, recordad que podéis encontrar todo lo necesario para cultivar la cebolla y muchas otras hortalizas. 
Y ahora que hemos hablado de las hortalizas en nuestro hurto urbano, ¿qué tal si ponemos un toque de frescor con una serie de entradas sobre cómo cultivar plantas aromáticas? Seguro que os apetece tanto como a nosotros disfrutar de esos olores tan característicos y tener la oportunidad de darle un toque diferente y aromático a nuestros platos con productos cultivados por nosotros mismos así que seguid atentos al blog, manos a la tierra y ¡a disfrutar del huerto!

miércoles, 11 de junio de 2014

Cultivos imprescindibles: la calabaza

Llevamos varios artículos hablando de los cultivos imprescindibles que debería de tener nuestro primer huerto urbano. Hablamos, sobretodo, de hortalizas muy arraigadas en nuestra cocina y sencillas de cultivar en un clima con mucho sol y con temperaturas suaves como el tomate, el calabacín o los pimientos. Hoy añadimos a la lista otra hortaliza con múltiples usos, incluso, decorativos: la calabaza.
Su nombre científico es cucurbita y es una planta anual con un fruto que puede tener diferentes formas, pesos y colores pero todas ellas se siembran en primavera, entre los meses de marzo y mayo. Lo podemos hacer en semillero pero la calabaza es un tipo de cultivo que acepta la siembra directa en un marco de 100x120 centímetros.
Tendremos que esperar, al menos cuatro meses -dependiendo de la variedad de calabaza que hayamos escogido cultivar- para poder recolectar los frutos de esta planta siempre que hayamos seguido unas normas básicas para el cultivo exitoso de nuestras calabazas. Como decíamos antes, aguantan bien las temperaturas cálidas y el frío pero no las heladas ni la sequedad por lo que requiere de riegos regulares y abundantes pero, como en la mayoría de los casos, evitando los encharcamientos.
La calabaza prefiere suelos ligeros, secos, aireados, silicáceos, bien drenados, arenosos y, como ya sabemos, húmedos. Además, necesita que los suelos sean fértiles y profundos y estén muy bien abonados pues es un cultivo exigente en nutrientes. Esta es una parte importante del cultivo de la calabaza: cubrir sus necesidades de abonado.
La pulpa de la calabaza, de color anaranjado, es firme y dulce lo que hace a esta hortaliza ideal para elaborar postres, sobretodo. Además, también se suelen aprovechar sus pepitas, conocidas como pipas de calabaza que, una vez secas, se comen como cualquier otro fruto seco.
¿Qué os parece? ¿Apostamos por la calabaza para incluirla en nuestro huerto? En el catálogo de Semillas Huerta y Jardín tenemos todo lo necesario para sembrar nuestras propias calabazas y disfrutar de esta maravillosa y dulce hortaliza.
¡A disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: la fresa

Volvemos con nuestra lista de cultivos que no pueden faltar en nuestro huerto urbano por muy novatos que seamos en estas lides de la horticultura. Hoy vamos a hablar de un fruto que a los más golosos seguro que os encanta con un poco de nata montada o azúcar: la fresa. La reina de los postres que gusta a pequeños y mayores y que tiene múltiples usos pues se puede convertir en confitura, mermelada, yogur, helado... ¿a vosotros también se os hace la boca agua? Pues manos a la tierra.
La fresa -fragaria es su nombre científico- es la única fruta que se puede cultivar en un huerto de dimensiones reducidas, como serán la mayoría de nuestros huertos urbanos. Se cultiva porque, además de ser muy consumida, la planta y las flores son muy decorativas y tiene propiedades positivas para la salud: es diurética, antirreumática, astringente, reduce el colesterol...
Debemos sembrar las semillas de la fresa a finales de primavera y podremos cosechar el fruto en la temporada estival del año siguiente. Tendrán que estar bien maduros, de un color rosa intenso en el momento de la cosecha.
Durante su cultivo, la fresa tendrá que tener la tierra fresca, aunque sin exceso de humedad y sin periodos secos, por ello, es recomendable regarla, incluso, a diario, pero teniendo asegurado un buen drenaje. Es exigente en cuanto a nutrientes así que será conveniente que añadamos compost al suelo. Necesita una profundidad de 15 centímetros en un sustrato suelto y ligeramente ácido.
Aunque suele dar muchos frutos, si estos tocan la superficie es posible que se echen a perder. Se suele cubrir el suelo con plásticos aunque resulta bastante más ecológico poner algo de paja u hojas de pino que, además, le aportan cierta acidez al sustrato que es uno de los factores que necesita esta planta.
No debemos de plantar las fresas con ninguna variedad de col, pues son plantas incompatibles, aunque se desarrolla bien con ajos, espinacas o lechugas. Por último, recordad que, como la mayoría de cultivos de nuestro huerto urbano, la planta de la fresa también puede ser atacada por enfermedades o plagas.
En la fresa, lo más común es la segunda posibilidad, que se vea acechada por plagas, sobretodo, de babosas, caracoles y pulgones, entre otras. Deberemos, por tanto, estar atentos a la aparición de estos pequeños animalitos y controlar su desarrollo. En este enlace podéis descubrir cómo prevenir plagas y enfermedades en nuestro huerto urbano.
Seguiremos hablando de diferentes cultivos para añadir a nuestro huerto urbano en próximos artículos de nuestro blog. Mientras tanto, si os habéis animado a probar con las fresas, solo tenemos que hacernos con unas semillas en la tienda online de Semillas Huerta y Jardín y ¡a disfrutar del huerto!

Cultivos imprescindibles: el calabacín

En los últimos artículos, estamos centrándonos en el cultivo de diversas hortalizas que son imprescindibles en cualquier huerto urbano, por su versatilidad en la cocina y porque se adaptan bien a huertos de reducidas dimensiones como los que solemos tener en la nuestras terrazas, balcones o pequeñas parcelas de nuestras viviendas.
En el artículo de hoy vamos a hablar del calabacín. Su nombre científico es cucúrbita pepo y se trata de una planta anual de la familia de las cucurbitáceas proveniente de América del Norte. Hay diversas variedades de calabacín con frutos de diferentes colores (blancos, morados...) aunque el más común es el verde, cultivo muy apreciado y popular, como decíamos, por los muchos usos que se pueden hacer de sus frutos en la cocina.
Los calabacines de la variedad más oscura se siembran en marzo y, en mayo o junio, cultivaremos los tipos de calabacín de colores más verde claro o blanco. Debemos de tener en cuenta para su siembra que se trata de una planta con flores masculinas y femeninas por lo que, para realizar un buen cultivo, debermos de realizar una plantación cruzada.
En el caso del calabacín no es necesario que las semillas las tengamos primero en un semillero aunque, si optamos por esta opción, el momento de trasplantar nuestra planta es cuando tenga una altura de entre 10 y 15 centímetros. La colocaremos entonces en un marco de 100x100 centímetros. Si decidimos plantar en maceta, esta hortaliza necesitará una de unos 40 litros y una profundidad de 25 centímetros aproximadamente. Cuatro meses después de su siembra, será el momento de la recolección, un poco antes de que los frutos hayan acabado su desarrollo.
Para crecer sanos y fuertes, los calabacines necesitan un clima cálido, de ahí que se plante en primavera, para que su desarrollo se produzca durante los meses más cálidos del año. La temperatura óptima es de entre 20 y 25 grados pues no soporta ni las heladas ni tampoco el frío y necesita mucha luminosidad.
¿Y qué hay del suelo? Pues estamos tratando con una hortaliza que prefiere los suelos sueltos y que estén bien trabajados. Además, necesita un buen abonado orgánico de fondo, en este sentido, el calabacín es muy exigente así que, mientras dura su cultivo, le incorporaremos de vez en cuando abono en superficie para que esté bien nutrido. A diferencia de otras hortalizas de las que ya hemos hablado, esta planta necesita de riegos constantes y en cantidad. ¡Importante! Procuraremos no mojar las hojas ni el tallo para evitar la aparición de hongos pues ya sabemos que se desarrollan con más facilidad en entornos húmedos.
Además de hongos -el oídio es el que más daño suele hacer al calabacín-, este cultivo también es propenso al ataque de plagas, sobretodo, del pulgón, la mosca blanca y los caracoles. Afortunadamente, en este blog ya hemos hablado de cómo prevenir su aparición y cómo tratar estos problemas en cuanto veamos los primeros síntomas.
Con estas sencillas técnicas y recomendaciones, en pocos meses podremos disfrutar de nuestros propios calabacines, una hortaliza con grandes cantidades de vitamina A, agua e hidratos de carbono. Aún estamos en época de siembra de esta hortaliza así que, si estáis animados, pasaos por el catálogo de semillas de Semillas Huerta y Jardín y haceros con las vuestras para comenzar la siembra cuanto antes y ¡a disfrutar del huerto!